Es abogada y quiere ser la primera jueza trans del país.

Jueves 5 de Septiembre de 2019 · 10:07

Cristina Monserrat Hendrickse trabaja entre Buenos Aires y Neuquén. De ser elegida, sería la tercera magistrada trans en el mundo.

Está en pareja hace doce años con una mujer. Entre ambas, tienen cinco hijos.
La primera vez que viajó desde Buenos Aires a Neuquén por cuestiones laborales en 2005, el nombre que figuraba en su DNI decía Cristian Carlos Eduardo Hendrickse. Abogado de profesión. Con esta identidad, representó clientes, organizaciones y litigó en los tribunales del sur. Todavía hoy numerosas personas lo conocen en la zona simplemente como Cristian, un porteño amable, educado y con una especial conexión con la provincia petrolera.

Pero mientras desarrollaba su trabajo, en su interior se debatía un deseo y una poderosa autopercepción que lo llevó a convertirse legalmente en Cristina Monserrat Hendrickse (55) una década después.
Ahora Monserrat comenzó a desandar el camino que originalmente lo había llevado al sur como varón. Hace unos días decidió dar un nuevo paso en su carrera y se postuló para el cargo de jueza en Chos Malal una localidad del norte neuquino de 15 mil habitantes, ubicada a 405 kilómetros de Neuquén capital. De resultar elegida en el concurso judicial por puntaje, se convertiría en la primera magistrada trans de la Argentina y en la tercera en el mundo.

Formalmente Cristina está matriculada en el Colegio de Abogados de Zapala. Junto con Hendrickse se postularon otros nueve profesionales hombres y mujeres que pretenden el mismo cargo.

Quiere ser la primera jueza trans del país.
“En 2005 comencé a representar distintos casos en Neuquén. Trabajé para los gremios de ATE y ATEN y tenía que viajar por Loncopue, Cutral Co, Chos Malal y Andacollo atendiendo las necesidades de los delegados. En Loncopue conocí a mi mujer con la que todavía estoy”, le cuenta a Clarín. El duro y hermoso norte de Neuquén no le resulta ajeno.
En la Argentina solo existe un antecedente de una persona trans que haya aspirado a un cargo de juez. Se trata de Carolina Jacky que en 2013 rindió para ingresar en la Cámara Federal de Mendoza. Finalmente no accedió a la posición que buscaba.

“Creo que en general la gente lo tomaría normalmente si fuera jueza. Sería como cualquier otro juez que trabaja. Neuquén es un provincia que por Constitución se define como laica y cuando volví ya como Cristina siempre fui recibida con afecto por los empleados, los funcionarios y todo el personal de los juzgados neuquinos en Zapala”, explica.

Cristina se mantiene en pareja desde hace 12 años con Judith Liliana Troncoso, quien aceptó y comprendió su compleja transformación de Cristian a Cristina. “Ella siempre me dice, lo importante no es el envase sino el contenido”, advierte. Entre ambos tienen cinco hijos. “Los tuyos, los míos y los de los otros”, dice entre risas la abogada.

Cuando está en Buenos Aires, la abogada vive en Villa Ortúzar y da clases en el Normal 6 y en el instituto ETER de carreras de comunicación.
A lo largo de su carrera en la Patagonia, Cristina se ocupó de sonados casos de derecho ambiental. Desde el 2008 acompañó a la comunidad mapuche Mellao Morales, que llegó a los tribunales para impedir la explotación de una mina de cobre en Campana Mahuida. La polémica por el desarrollo de proyectos similares de parte de empresas internacionales todavía se mantiene en la zona.

Quiere ser la primera jueza trans del país.
“Recién este año comencé a mostrarme en Zapala con mi nueva identidad. Me imagino que para alguna gente pudo haber sido una especie de shock porque conservaban una imagen de mi como varón y me aparezco vestido de mujer. Pero pasado eso, el trato ha sido bueno”, asegura.

El 3 junio de este año, sin embargo, Monserrat recibió una prueba de que hay mucho camino por recorrer en la materia. Ese día le llegó un mail de parte de la secretaria del juzgado de Familia de Zapala, la doctora María Inés Zabala, donde le indicaba que debía rectificar su nombre en el sistema electrónico de consultas legales que utilizan los profesionales (SINE) o de otro modo no le serían facilitados los expedientes de los casos en que trabajaba. En otras palabras quedaba excluida del sistema por ser Cristina Monserrat en lugar de Cristian.

A pesar de las explicaciones de Monserrat y de demostrar que su DNI se mantiene igual, la negativa se mantuvo. La abogada denunció el acto de discriminación que sorprendió a la clase judicial de la provincia. Finalmente el conflicto se resolvió con un pedido de disculpas de parte del propio presidente del Tribunal Superior de Justicia de Neuquén, Germán Busamia.

“Cuando cambiás tu identidad, es un riesgo. Para tus cercanos es doloroso porque muere una persona y nace otra. Pero en lo profesional y en lo económico también hay consecuencias. Hay clientes que vas a perder y tal vez vas a ganar otros. Hay mujeres que se han mostrado encantadas de que las represente”, reflexiona la abogada.

Cada obstáculo puede derivar en una oportunidad, es el pensamiento de Monserrat. La discriminación que sufrió en Zapala, la llevó a entender que, superado el escollo, debía intentar concursar por un juzgado.

“En Buenos Aires tengo computadas tres abogadas trans, pero no importa si hay cinco. En la ciudad hay unos 80 mil abogados, eso muestra la magnitud de nuestra insignificancia. Si me convierto en jueza sería la primera del país, según entiendo”, señala.