Babasónicos, Los Auténticos Decadentes, Skay y Los Fakires y NTVG fueron los principales animadores del sábado en el festival, que además tuvo a lo mejor de lo nuevo en cuanto a rock, pop y hip-hop

Skay Beilinson revalidó sus credenciales rockeras al frente de Los Fakires, en un show que también tuvo condimentos ricoteros (Mario Sar)

De la nada, como si fuera un milagro. La capital nacional del rock emerge entre el medio de las sierras y sobre el margen del río Cosquín, a la altura de Santa María de Punilla. El Aeródromo es la casa del Cosquín Rock y hasta acá viajan los fanáticos y las banderas de todo el país para conocer de primera mano el estado de situación del rock argentino: los clásicos, la vanguardia, los reencuentros, las nuevas generaciones, las nuevas olas.

Todo convive armoniosamente sobre un enorme predio de diez hectáreas, que a su vez se dividen en seis escenarios. Los dos principales, el norte y el sur, están separados por un kilómetro y así marcan no solo el perímetro sino también un status: son los lugares reservados para las propuestas más convocantes y las de mayor proyección.

En los otros cuatro hubo lugar para la música urbana abordada desde el trap y el hip-hop más callejero -en la carpa Alternativa-; una Casita del Blues para los más puritas-; un Hangar que albergó toda la velocidad y la distorsión que el metal pueda hacer posible; y el escenario Córdoba X que le reservó un lugar a las propuestas emergentes locales y regionales, en el medio de leyendas underground.

Ese fue el marco para las más de 65 mil personas que desde muy temprano llegaron hasta el Cosquín Rock. Durante la semana el pronóstico auguraba lluvias que, para suerte del calzado de todos los presentes, jamás llegaron. A cambio de eso, un fuerte sol serrano recibió al público para adentrarlo en la experiencia, a la cual no le falta nada: al menú musical se le suman bares que expiden cerveza y fernet, una feria gastronómica, merchandising del festival y distintas actividades no musicales -juegos, sectores de relax, exhibiciones de deportes extremos-.

Con el correr de los shows, las horas y las caminatas entre sectores -en promedio, un asistente al Cosquín Rock puede llegar a recorrer 15 kilómetros desplazándose entre sus bandas favoritas-, el atardecer mutó a noche estrellada que derivó en madrugada. Y así fueron los recitales más destacados de la primera jornada.

Adrián Dárgelos, de Babasónicos. Se destacaron en la primera noche del festival combinando las nuevas canciones de ‘Discutible’ con páginas de todas sus épocas (Mario Sar)

"Babasónicos es un manipulador y un ejecutor de la conducta popular", definió el tecladista Diego Tuñón, minutos antes de que el grupo se subiera al escenario sur del Cosquín Rock. Una manera concreta y certera para explicar a una banda que elige plantarse ante los algoritmos musicales que van moldeando los nuevos paladares y sigue creyendo en el formato obra. Ante una impactante puesta en escena que por momentos resaltó al grupo en contraluz y, por otros, envolvió su música en imágenes psicodélicas, siguen presentando a cuentagotas las canciones de 'Discutible', álbum lanzado hace cuatro meses. 'Cretino', 'La pregunta', 'Bestia pequeña' y 'Trans-algo' fueron los únicos estrenos, entre piezas más hiteras –Y qué– o más de culto –Fan de Scorpions, Ciegos por el diezmo-. Para escuchar en vivo todo el disco completo, habrá que esperar: Tuñón adelantó que en junio lo presentarán en el Hipódromo de Palermo.

Cada vez que sube a un escenario, Skay Beilinson expone con amabilidad y firmeza cuánto lleva aprendido en su largo camino en el rock. Austero pero no soviético, el ex guitarrista de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota se pone al frente de Los Fakires para darle vuelo a toda la imaginación e inventiva que pasa por su guitarra limpia, icónica, distinguible a varias leguas. Entre selecciones de su catálogo solista-en-banda, intercaló joyas ricoteras del calibre de 'Ji-ji-ji' y 'Criminal mambo'. ¿La novedad? Richard Coleman fue segunda guitarra durante todo el show y de ahora en más, es parte de Los Fakires.

Más enchufados que acústicos

"Gracias por venir a nuestra kermesse", saludó Cucho Parisi a la multitud fervorosa y sedienta de fiesta que copó la carpa exclusiva en la que Los Auténticos Decadentes montaron su show en formato unplugged. Fueron nuevas versiones de clásicos del grupo las cuáles, según la ocasión, aportan una nueva profundidad –'Pendeviejo', con dobleces jazzeros y las voces del Afro Sound Choir- u otra perspectiva –'El pájaro vio el cielo y se voló', en ritmo de cuartetazo-. Típico de Cosquín: la fraternidad entre los músicos se cristaliza en los cruces que se dan tanto abajo como arriba del escenario. En este caso, Fernando Ruiz Díaz -que tocó con Vanthra- sumó su histrónico caudal a 'Un osito de peluche de Taiwán'; y los españoles de La Pegatina -habían tocado más temprano- metieron ska y coros a la combativa 'Gente que no'.

La arenga del pop barrabrava

Con apenas siete canciones, casi todas hits, a Turf le alcanzó para levantar la modorra de las cuatro de la tarde y sacudir el calor que ya pesaba sobre la piel. Liderados por un Joaquín Levinton del tablón -lució una musculosa estilo NBA de la barra brava de River- desplegó todas sus dotes de showman delirante: presentó como invitada a su guitarra acústica y pidió aplaudirla -antes de 'Magia blanca'-; le agradeció a "Jorge Palazzo" por haberlos invitado al festival -el ideólogo del Cosquín se llama José-; y agitó al público para pedirle que en 'Yo no me quiero casar… ¿y usted?' haga pogo en "el círculo del Indio Solari", simulando tener una conversación con el propio Solari. Loco un poco, ¿nada más?

El trap y el hip hop dejaron su primera huella

Acru, una de las revelaciones de la carpa Alternativa, demostró carisma, poder de improvisación y rimas de fuego ante el público del Cosquín (Mario Sar)

Con dos vueltas de la Freestyle Master Series -la batalla de gallos más popular y con mejor nivel de competidores en la actualidad- y un completo paneo sobre la escena que está más enfocada en lo musical, el público más jóven del Cosquín tuvo su dosis urbana en la que se destacaron los shows de Acru y Lit Killah. Mientras el primero demostró que el poder de fuego de sus rimas pueden ser contagiosas -con tracks abrasivos como 'Sin rencor'-; el otro desplegó carisma y manejo del escenario para tener a su gente en un puño. Tanto, que eligió a dos de entre el público que supieran hacer beatboxing para que le musicalizaran una extensa y certera improvisación que fue muy festejada.

Los uruguayos más argentinos, otra vez locales

No Te Va Gustar y La Vela Puerca son, desde hace varios años, dos de los grupos que más cortan tickets en Argentina. Las dos bandas uruguayas tocaron de corrido en el escenario norte para deleite del público, que lo comparten bastante. Primero fue el turno de La Vela, que continúan presentando las canciones de su último disco, 'Destilar'. En ese plan, invitaron a Raly Barrionuevo a que se sumara en 'La luna de Neuquén'. En tanto, No Te Va Gustar, resumió en poco más de una hora buena parte de su cancionero, sin dejar de lado hits como 'Al vacío', 'No hay dolor' y 'Fuera de control'.